Santa María del Camí
Santa María, como se la conoce más comúnmente, se encuentra entre viñedos, entre Palma y la Tramuntana, y ha sido durante mucho tiempo uno de los pueblos más tranquilos y deseables de la isla. Su centro tiene un ambiente acogedor y sociable, con muy buenos restaurantes, un número creciente de tiendas de decoración y estilo de vida, y un mercado semanal que es el eje de la vida del pueblo. La mezcla de residentes locales e internacionales se debe principalmente a su ubicación única y a su excelente acceso, lo que le da al pueblo una tranquilidad que proviene de estar bien establecido.
Lo que hace que Santa María funcione tan bien es su ubicación. Palma está lo suficientemente cerca como para formar parte de la vida cotidiana, mientras que la Tramuntana proporciona un telón de fondo constante y espectacular.
La conexión ferroviaria añade un nivel de libertad que pocos pueblos del interior ofrecen, especialmente para aquellos que pasan largas temporadas en la isla o viven aquí a tiempo completo. El campo circundante permite disponer de generosas parcelas, casas más grandes y piscinas, con terrenos que se prestan a la amplitud y la creatividad, y algunos propietarios optan por plantar pequeños viñedos o crear huertos para aprovechar al máximo el suelo. El vino siempre ha sido fundamental en la zona, y la escena vinícola local sigue fortaleciéndose. El ciclismo se integra de forma natural en la vida cotidiana, con rutas suaves a través de las llanuras y acceso directo a las montañas. Santa María se percibe como un lugar equilibrado, sociable y consolidado.